Ayin: Salmo 119:121-128

AyinNo es la primera vez en este salmo en la que el autor parece necesitar desesperadamente ánimo en tiempos de dificultad. Las peticiónes que él hace a Dios aquí “indican un peregrino sufriendo muchas cosas que le hacen desear que su travesía acabe…” (Andrew Bonar).

Tres veces en la sección de Ayin, nude celebrities el salmista se refiere a él mismo como “tu siervo”, y en estos ocho versículos hace énfasis en la naturaleza personal de la relación. “Juicio y justicia he hecho”–es decir, he hecho el trabajo que me has llamado a hacer, he sido tu fiel representante– “y ahora pido por lo que cada sirviente necesita de su amo: tu protección, tu misericorida y tu dirección”.

No permitas que los soberbios me opriman–que es algo que pasa demasiado a menudo.  Como bien lo expuso Alexander Maclaren, “los hombres buenos usualmente terminan siendo las pelotas de futbol de los hombres malos”.

Afianza a tu siervo para bien.  Atestigua por mi, responde por mi, quédate a mi lado, ruega el salmista. La palabra “afianza” es la misma palabra que usa Judá en Génesis 43:9 cuando intentaba convencer a su padre que le dejara llevar a su hermano Benjamín a Egipto: “ Yo te respondo por él; a mí me pedirás cuenta. Si yo no te lo vuelvo a traer, y si no lo pongo delante de ti, seré para ti el culpable para siempre;”

Haz con tu siervo según tu misericordia.  Aunque el salmista ha sido fiel a su deber, aquí apela a la fidelidad mayor.  ”No me trates de acuerdo a mi caracter, trátame según el tuyo”–porque el sabe que aunque su propia fidelidad falle, la misericorida del Señor nunca lo hará.

Tu siervo soy yo, dame entendiemiento.  “El mejor regalo de Dios es el conocimiento de su voluntad,” dice Maclaren, “la cual El seguramente no retendrá de espíritus dispuestos a servirle, si supieran cómo hacerlo”.

Siguiento a los ruegos, el sirviente valientemente le dice al amo cómo obrar: “Tiempo es de actuar, Oh Jehová”. ¿Cómo podría un sirviente hablar de esa manera a su Señor? Posiblemente porque conoce a su amo muy bien, y conoce la manera celosa en la que guarda su palabra contra aquellos que la desafían. Pero la valentía del sirviente también es justificada por el amor a la palabra de Dios y su compromiso con ella. “¡Amo tus mandamientos más que el oro! ¡Cada detalle de tus mandamientos es absolutamente confiable en cada aspecto de la vida! Odio los caminos de mentira que se convierten en pasajes oscuros; caminaré por El Camino Real”.

Varios versículos de la sección de Ayin te parecerán familiares. El versículo 123 te recordará al versículo 82 (“Desfallecieron mis ojos por tu palabra”); versículo 124 al versículo 65 (“Bien has hecho con tu siervo, Oh Jehová); y el versículo 128, al versículo 104 (“Por tanto he aborrecido todo camino de mentira”).

J.A. Alexander y otros han señalado que el Salmo 119 tambi{en puede recordarnos al Salmo 19 (al que algunos llaman, el índice del Salmo 119):

119:103  ¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras!
Más que la miel a mi boca.
119:127  Por eso he amado tus mandamientos
Más que el oro, y más que oro muy puro.
Ps. 19:10  Deseables son más que el oro, y más que mucho oro afinado;
Y dulces más que miel, y que la que destila del panal.

Y como bien sabes, casi cada versículo en el Salmo 119 contiene por lo menos una palabra para la palabra de Dios–estatutos, palabra, mandamiento, ordenanzas, etc. Algunos dicen que hay cinco versículos del salmo que no contienen dichas palabras; otros señalan a tres o dos. Depende de cuán flexible quieras ser. “De generación en generación es tu fidelidad; tu afirmaste la tierra y subsistes”, dice el versículo 90. ¿Fidelidad es un sinónimo de la Palabra de Dios? No me parece que lo sea, pero otros dicen lo contrario. Pero no hay lugar para ambigüedades sobre el versículo 122; y que yo sepa, todos los comentadores están de acuerdo en que en este versículo, no hay mención de la palabra de Dios.

 

 

 

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