Sin: Salmo 119:161-168

sinNo hay imperativos en la sección de Sin, ninguna petición o demanda de Dios. Está situada entre dos secciones que están llenas de imperativos, Sin es algo así como el ojo en medio de la tormenta.
Los primeros versículos se alternan entre emociones positivas y negativas, pero las positivas rápidamente prevalecen y continúan hasta el final de la sección. El primer versículo comienza con otra mención de los perseguidores del salmista, pero los deja atrás y no regresa –esta sección no va a ser acerca de persecución, sino sobre paz. A parte, no necesitamos que los perseguidores estén presentes para ver su derrota.

Su derrota se ve de pronto en el siguiente versículo: “Me regocijo en Tu palabra, Como el que halla muchos despojos”. Aunque sus enemigos son duros con él, el salmista ya está disfrutando del botín, o los despojos de la victoria. El salmista no ha simplemente descubierto que el amor a la palabra de Dios es victoria sobre el enemigo. ¿Cuál es la meta de nuestro enemigo, después de todo, no es apartar nuestra mirada de Dios? Deleitándonos en la palabra de Dios, entonces, a pesar de nuestras circunstancias, es tener victoria continua.

Si Sin es el ojo de la tormenta, el v.165 es el ojo del ojo. Colocado en la mitad de la sección, se distingue siendo el único versículo en la sección que no se refiere directamente al salmista (aunque su inclusión en el grupo de aquellos que aman la ley de Dios está claramente implícito). Mientras nos acercamos al final del salmo acerca de la palabra de Dios, es adecuado que el salmista hable sobre paz, uno de los más grandes beneficios de la palabra.

A. F. Kirkpatrick comenta que aquellos que aman la ley de Dios “no se escandalizan, o tropiezan o son llevado a escepticismo al ver las anomalías del mundo, tal como el sufrimiento del bueno y el triunfo del impío” (El libro de los Salmos). Resulta que la mejor manera de tropezar en pecado o incredulidad es no mirar nuestros pies o nuestro paso; no obtenemos paz o permanecemos fieles concentrándonos en nuestros problemas o nuestros enemigos. Mas bien, la paz y la obediencia vienen de entrenar a nuestros ojos en Dios y su palabra. Mantén tu mirada en Dios! Entonces los pies cuidarán de ellos mismos, y Dios cuidará de nuestros enemigos.
Esta es la intención del salmista, de su práctica. “Amo y obedezco tu ley; esto es lo que hago, y lo que siempre haré”, el proclama. Él ha dicho lo mismo a través del salmo, pero sólo en estos ocho versículos de Sin, es donde el mantiene el mismo tema desde el principio hasta el final. Esto “no es la jactancia del fariseo,” dice Kirkpatrick, “sino la honesta profesión free celebrity sex videos de la buena conciencia”.

“He guardado tus mandamientos y tus testimonios, porque todos mis caminos están delante de ti.” declara el salmista en el v.168. Quizás está citando el perfecto conocimiento de Dios como un motivo para su obediencia (por ejemplo, “Obedezco tu ley, porque sé que no me puedo esconder de ti” Ver Heb. 4:13). Aunque es más probable, que él esté apelando a la omnisciencia de Dios como su testigo: “Me atrevo a declarar mi fidelidad porque sé que tu lo ves todo, sabes que es verdad”. Esto es, como dice Kirkpatrick, es “el coraje de una buena conciencia” –y con tal coraje derrotamos a nuestros enemigos sin pensarlo dos veces.

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